La habitación quedó en silencio otra vez, roto solo por la lluvia contra los ventanales y la respiración trabajosa de Ronan.
El sanador finalmente retrocedió unos pasos, exhausto.
—Las heridas principales han cerrado —informó—. Pero necesita mucho descanso. Su energía vital está muy baja. Debe permanecer en cama al menos dos días.
Enzo asintió.
—Gracias.
El hombre recogió sus instrumentos y salió, dejándolos solos.
Ahora solo quedaban ellos tres: Ronan inconsciente, Enzo apoyado con