La frontera estaba en silencio mientra la neblina matutina flotaba baja, envolviendo los troncos centenarios en un velo grisáceo que difuminaba los contornos y amortiguaba los sonidos. El suelo estaba húmedo, cubierto de hojas caídas y musgo brillante por el rocío, Cedric avanzó entre la niebla con el ceño fruncido, las botas hundiendo ligeramente en la tierra blanda.
El frío se filtraba a través de su abrigo militar y el olor a tierra mojada, resina y algo metálico, sangre vieja, impregnaba