La mandíbula de Cedric se tensó visiblemente. Dio un paso más cerca, el olor a bosque y sudor adherido a su ropa.
—Expulsaste a Ronan de las protecciones. Lo dejaste fuera como a un perro callejero. ¿En qué estabas pensando?
Silencio.
Solo el crepitar del fuego y el lejano ulular de un búho que se resistía a dormir.
Lyra dejó la taza sobre la mesa con una lentitud irritante, el porcelana tintineando suavemente.
—Sí —admitió al fin.
La simple palabra pareció encender algo en Cedric.