—¿Cuántos son?
Thomas dudó y primera vez desconfió de su deidad.
—Más de los que crees.
—No es una respuesta —replicó Lyra, su voz firme aunque el corazón le latía con fuerza.
—Porque no hay un solo grupo.
El viento volvió a soplar, más fuerte esta vez, agitando las hojas de los árboles cargado de una humedad que se pegaba a la piel.
—Hay dos grupos —dijo finalmente Thomas, su voz más grave, como si pronunciar aquellas palabras le costara un esfuerzo físico.
—¿Dos?
—Los que seguimos el