—Déjame acompañarte —pidió el alfa mientras que Lyra no se giró de inmediato. Estaba frente al espejo alto, recogiendo su cabello con movimientos lentos y precisos.
La luz de la mañana se filtraba por las cortinas entreabiertas, iluminando su rostro. El moño quedó firme, práctico y preparado.
—No —respondió finalmente, sin dureza, pero sin espacio para negociación, Ronan apretó la mandíbula, un músculo visible tensándose bajo la piel.
No era la primera vez que tenían esa conversación en l