Al llegar a la mansión, Lyra no se sorprendió de verlo allí, Ronan la esperaba. Estaba de pie en el umbral, inmóvil como una estatua tallada en mármol. Su torso desnudo brillaba débilmente bajo la luz lunar, y sus brazos cruzados sobre el pecho acentuaban la tensión de sus músculos mientras sus ojos grises se clavaron en ella recorriéndola en cuestión de segundo.
—Llegas tarde —murmuró. Su voz era baja, controlada, pero ella reconoció el filo afilado que ocultaba, Lyra se detuvo a unos pasos