Cuando llegó el día de la fiesta, y Richard miró a Carolina bajar la escalera, la observó con ojos enamorados, su esposa era la mujer más hermosa que vieron sus ojos, no había comparación, porque Richard la amaba con locura, sonrió
—¡Te ves tan hermosa!
Ella se ruborizó y sintió como estrechaba su cintura y besaba sus labios color carmín
—Tú te ves como un príncipe, pero ahora, señor guapo, debemos irnos a por los demás Steele, nos esperan —dijo con voz dulce
Él asintió y la tomó de la mano par