Desperté en mi cama, en top y short, como solía dormir siempre. Ya eran las siete y treinta de la mañana. Parpadeé varias veces y me sentí rara y mareada. Tenía arcadas y sentía un fuego intenso revoloteando en mi intimidades. Junté los dientes y me arreglé los pelos desconcertada. Luego me fui a bañar.
Alondra me esperaba para ir hacer una fotos y videos de un arenero en la playa. Era la novedad de ese verano. El contrato nos era muy provechoso. Camino al litoral, Alondra me miró largo r