Me senté junto a la mesa a esperar a Rudolph. Me puse muy linda. Aleoné mis pelos, me pinté la boca, me hice sombras bajo los ojos, me coloreé las mejillas y me puse un vestido rojo muy entallado, de amplio escote que a él le fascinaba. También pantimedias y zapatos muy altos, con taco catorce. Además me apliqué el perfume que a él lo desquiciaba y que lo volvía febril e impetuoso, tanto que hacíamos el amor, de inmediato, olvidando nuestros compromisos.
Le serví café igualmente , en la taza