Calor… mucho calor sentía Calia, eso la llevo a despertar sudada y sofocada. Sentía que se encontraba en la misma braza del infierno, se movió intentando salir de las llamas que la mantienen prisionera. Se detuvo al escuchar el pesado gruñido animal detrás de su oreja que erizo la piel de su nuca y luego como eso detrás de ella la apretaba más a él.
—¡Suéltame! —gritó colérica de rabia, Aleckey volvió a gruñirle molesto.
—¿No puedes despertarme como una buena luna? —Interrogó aflojando pesada