Para cuando Aria volvió a abrir los ojos, ya se encontraba en la cama de Dimitri, quien dormía a su lado. Se veía diferente a como lo había encontrado en la tarde: relajado, con los labios ligeramente separados y un poco inflamados, el cabello rubio desordenado y la barba apenas crecida, dándole esos rasgos varoniles que se completaban con la estructura perfecta de su nariz.
Su brazo la rodeaba de manera protectora, manteniéndola firmemente apretada contra su torso. En ese momento, ambos estaba