La oscuridad la envolvía, densa y opresiva, como si el mismo aire que respiraba estuviera contaminado con un veneno desconocido. Calia sintió que su cuerpo flotaba entre la nada y el todo, atrapada en un limbo donde el tiempo no existía. Un viento helado la hizo estremecer, y cuando abrió los ojos, se encontró en una vieja granja, el lugar de su infancia, aunque ahora parecía distorsionado.
El aroma de la paja y la madera quemada le invadió la nariz, pero algo más se filtraba en el aire: sangr