97. No les estaba pidiendo permiso.
Después de soltar aquello, se giró rápidamente incapaz de enfrentar las miradas de sus hijos y llevó una jarra de café a la mesa para sentarse en la mesa con ellos.
— Y no considero que sea algo malo — dijo mientras se servía una tortita y le echaba algo de sirope encima, aun así, sin levantar la mirada del plato — Solo digo que es lo que haré, no les pido permiso, solo les informo.
Audrey se quedó petrificada, no porque eso le molestara, si no, porque no sabía que su madre tuviera interés en a