56. ¡Disparen a todo lo que se mueva!
Fuego, eso es lo que sentía que recorría todo su cuerpo, un fuego que no paraba de quemarlo, que iniciaba en su corazón y que se expandía por todo su cuerpo, alimentando la rabia y el odio con el que había renacido.
Solo existía una única palabra en su mente, «Venganza» contra su enemigo y ese no era otro que Wolfang.
Su rabia creció en su interior, enloqueciéndolo, haciendo que sus huesos se rompieran y su piel se desgarrara, ante los primeros rayos de esa luna llena que se coronaba majestuosa