47. No lo permitiré, ella es mía.
Alfred Belucci se encontraba en ese momento frustrado, sus hombres no lograban encontrar a Audrey y al maldito monstruo.
—¡Búsquenlos y encuéntrenlos! Si no quieren que les entregue su cabeza al jefe cuando vuelva— les gritó a sus hombres —¡No me importa si tienen que quemar todo el maldito bosque!
Los miembros de la orden no dudaron en hacer lo que les pedía, pero parecía que se los había tragado la tierra, ni siquiera los perros habían captado ningún rastro y eso que estaban entrenados para