28. Audrey… Mi bello ángel.
—Esto te va a doler— mencionó Ravel, una vez logró acercarse, el lobo solo asintió.
—El dolor que me provocan esas heridas no es nada comparado con el dolor que se instauró en mi pecho.
—Eso no es bueno— le respondió el brujo, quien tras terminar de curarlo se alejó — te ayudaré a verla, pero necesitas dejar de sangrar, la única manera es que me dejes usar uno de mis hechizos sobre ti.
—Sabía que te gustaba, pero no a ese grado brujo.
Ravel rodó sus ojos al escuchar que Wolfang bromeaba, eso si