156. Es la hora.
Gregory cerró los ojos por un instante, dejándose llevar por el cálido contacto que les envolvía. Ese simple roce provocaba una extraña electricidad que fluía de un cuerpo al otro, una sinfonía de emociones que iban más allá de lo comprensible. Era excitación, amor y esa profunda conexión que solo puede unir a dos almas que se conocen desde hace mucho tiempo, porque lo de ellos dos no era algo que se pudiera explicar, iba más allá de las palabras.
En ese instante, sus corazones latían al uníson