135. Te amo aún más, mi dulce luna.
— Ahhhh — gimió ella arqueándose levemente mientras apoyaba bien las rodillas en el fondo del jacuzzi y se quedaba alzada solo para disfrutar de cómo era invadida una y otra vez por la forma en que su pareja se empujaba hacia arriba penetrándola.
—Córrete Audrey… córrete conmigo.
Ella volvió a tomar el control en el instante en el que lo escuchó a hablar y no pudo más que hacer lo que le pedía, dejando que su cuerpo se liberara en un intenso orgasmo que lo apretó como si pretendiera exprimirlo