74. LA TRAMPA

KAESAR:

 Nos levantamos de un salto y comenzamos a vestirnos apresuradamente. Las manos de mi Luna temblaban tanto que no podía abotonarse la blusa. Se las tomé y la detuve, haciendo que me mirara. Escuchaba claramente sus pensamientos sintiéndose culpable.  

—No eres culpable de nada, mi Luna —aseguré, viendo cómo asentía con los ojos llenos de lágrimas—. Kaela, mírame, tienes que volverte fuerte.
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