No sé qué esperaba al proponerle a Dante viajar a Arizona conmigo. Nada de billetes de avión, nada de ir a casa de mi padre, nada de nada.
Viajamos en su avión privado y alquiló un todoterreno que condujo hasta un hotel súper lujoso. Teníamos una suite, una cama gigante para los dos, con una bañera que era jacuzzi y hasta una televisón gigante.
—¿Te gusta? —me preguntó.
Abrí la maleta en el suelo para guardar algo de ropa en el armario.
—Hablar contigo de intentar ahorrar en alojamientos m