DANTE
Su padre llamó al día siguiente, Maya todavía estaba dormida así que cogí su teléfono. Me lo temí.
—He visto lo de esa revista —dijo.
—No era ella —dije de mala gana.
Era temprano, ¿iba a soportar esas gilipolleces todos los putos días?
—Lo sé. Reconozco a mi hija. Sólo llamaba para ver si ella estaba bien.
Salí de la cama y le subí la sábana hasta el cuello. Ella ni se movió, dormía mucho más con la excusa del embarazo. Bajé a la cocina con su teléfono.
—No lo sabe. No quiero que se ent