—Felicidades.
Sonreí contra su pecho y me froté más contra él. Tenía la piel caliente, la de todo su cuerpo desnudo pegado al mío. Me empujó más sobre él, hasta que estuve tumbada sobre su torso.
—¿No es muy pronto aún?
El tacto de sus dedos gruesos por toda mi piel me excitó lo suficiente para despertarme.
—Es la hora perfecta.
Me empujé de su pecho para sentarme en él y la sábana me descubrió desnuda. Sacó una sonrisa animal y me apretó las tetas entre sus manos. Hubiera dejado que me hi