Caerle bien a la madre de Dante era algo que me interesaba, pero no me iba a partir el lomo por conseguirlo. No tenía que hacer un esfuerzo de más por entender que sólo estaba preocupada por las elecciones de su hijo, pero tampoco iba a aguantar a una madre que no me aceptaba después de haber lidiado con la mía.
Cuando la puerta corrediza, blanca y enorme de la cocina se cerró, ella me miró con sus ojos oscuros. Era lo más parecido a Dante que tenía.
Sus tacones resonaron cuando se acercó a un