Si bien mi madre me daba igual, mi padre no lo hacía. Él me había cuidado y gracias a él estaba dónde estaba. Por eso cuando el lunes por la tarde me llamó, soné un poco a tonta. Yo sabía lo que mi madre significaba para él, ni siquiera se me ocurrió decirle que ella me estaba buscando. Decidí olvidarlo. Quise intentarlo.
—Becaria —me llamó Jerry—. Ya me ha dicho el jefe que el mes que viene te vas.
—Tengo que seguir con mi carrera. Echaré de menos traerte cafés.
Sonrió y me mandó a subirle u