Me desperté tarde, más de lo habitual, pero tuve tiempo de sobra para ducharme y organizarme la maleta. Me sobró tiempo hasta para ir a comprar y dejar algunas comidas sanas en la nevera para que mi padre dejara de comer pizzas y fritos.
—Mierda —murmuré cuando cogí mi maleta por el asa—. ¡Papá! —grité y apareció en el cuarto. Los dos miramos lo rota que estaba.
—Creo que puedo pegarle la rueda. Espera.
Consiguió pegarla, la envolvió en cinta marrón y quedaba horroroso, ya tampoco giraba y cada