El sábado por la noche siempre me ha parecido traicionero.
Durante el día es calma, rutina suave, tiempo para una misma. Pero cuando anochece… algo se mueve. Como si el silencio empezara a hacer ruido.
Yo estaba en casa. Tranquila. Literalmente tranquila. Pelo recogido de cualquier manera, sudadera grande, las piernas dobladas bajo la manta y una serie puesta sin prestarle demasiada atención. El móvil boca abajo. No porque esperara nada, sino justo porque no quería esperar nada.
Había decidido