POV MARINA
Estoy sentada en el viejo sillón de Augusto, con las piernas cruzadas bajo una manta gruesa, observándolo mientras revisa unos papeles en la mesa. La noche afuera me da miedo, pero aquí dentro, con él cerca, me siento segura. Nunca pensé que encontraría un compañero de esta forma y, aunque él es más joven, es maduro y trabajador.
—Deberíamos irnos a dormir, has estado con eso toda la noche —digo con suavidad, aunque sé que no me hará caso.
Augusto levanta la vista y sonríe de lado.
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