POV HERNÁN
No es el frío abismo del veneno, sino la noche profunda y la paz silenciosa del bosque. El caos se ha desvanecido. En el aire ya no solo flota el olor a azufre y sangre, sino también la promesa del amanecer, la frescura de la tierra húmeda, el aroma dulzón de las hojas recién caídas. Y el rostro de Clara, mi Luna, mi amor. La imagen de ella, sana y salva, se graba en mi mente, un faro de luz en medio de la tormenta que ha consumido nuestra manada. Es su fuerza la que me ha devuelto a