El caos se apoderó de la sala de conferencias del hotel mientras Leonardo, Isabella y el equipo de producción discutían frenéticamente sus opciones. La realidad era devastadora: no había forma de traer la ropa desde París a tiempo para el desfile. Los intentos de contactar con la empresa de logística habían resultado inútiles, y no existía la posibilidad de fabricar nuevas prendas en las pocas horas que les quedaban.
—Esto es un desastre —dijo Leonardo, frotándose la frente con una mano mientra