La luz del atardecer se filtraba por los ventanales de la casa de Leonardo, tiñendo la habitación de un tono cálido y acogedor. Isabella estaba sentada en el borde de la cama, observando cómo Leonardo caminaba de un lado a otro, su expresión pensativa. Después de todo lo ocurrido en la junta y el descubrimiento de la traición de Valeria, había mucho que procesar.
Leonardo se detuvo frente a la ventana, mirando hacia el horizonte, donde los edificios de Nueva York se perfilaban contra el cielo a