De vuelta en Nueva York, Leonardo apenas había tenido tiempo de deshacer su maleta. El frenesí de su exitoso periplo por Europa seguía en su mente, pero había algo mucho más urgente que atender: la deuda que aún pendía sobre Rossi Fashion y la inminente amenaza que Valeria representaba. El triunfo de Berlín y París lo había elevado momentáneamente, pero ahora era el momento de mover las piezas en su favor.
Con paso decidido, llegó a la imponente casa de Fabriccio, uno de los miembros más vetera