Después de la tormentosa junta, Leonardo se sentía agotado pero a la vez aliviado. El caos provocado por Valeria había sido contenido, al menos por el momento, pero una conversación pendiente aún lo inquietaba. Luca lo había salvado, contra todo pronóstico, y Leonardo necesitaba respuestas.
En la intimidad de su despacho, ya sin la presión de los accionistas y las formalidades, Leonardo miraba a Luca con una mezcla de gratitud y curiosidad. Luca, por su parte, estaba sentado frente a él, ligera