La habitación del hotel donde Valeria y Luca se encontraban era un refugio de lujo y descontrol. Entre sábanas de satén y el suave resplandor de las lámparas doradas, la atmósfera estaba cargada de un calor casi palpable. Valeria, recostada entre almohadas de seda, jugueteaba con un mechón de su cabello mientras sus ojos seguían los movimientos de Luca, que se paseaba por la habitación buscando su camisa.
—No te pongas tan ansioso, Luca —dijo ella con una media sonrisa, su voz deslizándose como