Leonardo observaba la vista desde su despacho, la ciudad de Nueva York extendiéndose ante él como un tablero de ajedrez. Había pasado la noche en vela, dándole vueltas a la conversación con Fabriccio. Valeria tenía un control mayor del que imaginaba, y la deuda que su padre había dejado a Rossi Fashion era una sombra que amenazaba con destruir todo lo que había construido. Necesitaba una solución, y rápido.
Sabía que la única persona que podía ayudarle en este momento era Isabella. Su instinto,