Capítulo 33. Correr, siempre correr
La mujer loba se vistió de prisa cuando la puerta se abrió de golpe.
Pocas interacciones había tenido con el licántropo frente a ella, ninguna de ellas memorable, pero recordaba bien ese olor.
Selena le habló con calma, pero retrocediendo ante la duda:
-¿Eres su Gamma, verdad? El de Erik…
El hombre sonrió con desprecio.
-¿Ni siquiera me valora lo suficiente como para decirte mi nombre? Ya veo por qué no me llevó con él esta vez… Soy Graham…
La mujer respondió mientras daba otro paso hacia atrás