Capítulo 40. El despertar de la Luna
Ella estaba en una cama gigante pero todavía no podía abrir los ojos.
Tampoco se sentía capaz de moverse.
La sangre que corría por sus venas se percibía muy caliente y le insuflaba una extraña y mágica energía.
Un deseo.
De a poco su piel empezó a percibir el entorno y parecía despertarse de una agonía de muchos días.
No podía saber cuánto tiempo había pasado.
Era incapaz de asegurar si estaba en la realidad o en un sueño.
No podía notar si era de día o de noche. ¿Seguía siendo otoño?
Por fin,