Capítulo 34. La última batalla
Cuando Gabriel se tranquilizó, y a pesar de la inquietud que le producían los olores de esa habitación, fue más fácil rastrear a Selena.
Lo más alarmante era que no estaba sola.
Mientras saltaba por la ventana y comenzaba a correr detrás de su rastro, se sentía culpable por haber bajado la guardia, a pesar de cuánto sospechaba de Elan y de que hubiera más traidores.
Sin embargo, a cada zancada veloz, podía sentir que el entrenamiento, en apenas un día, había rendido sus frutos.
En la distancia