El tren se desliza con suavidad por las vías, pero el corazón de Clara late con una intensidad que lo sacude todo.
Lleva la vista clavada en la ventana, aunque no ve el paisaje que corre a su lado. Está sumida en un torbellino de pensamientos, en una tormenta interna que no le permite encontrar ni un segundo de calma. Va rumbo al pasado, al epicentro del dolor: su madre.
Han pasado años desde la última vez que la vio. Desde que huyó de esa casa, de ese infierno donde la infancia se fue erosion