Clara cierra la puerta de su antiguo apartamento con manos temblorosas. La seguridad del cerrojo no le brinda la tranquilidad que esperaba.
Se apoya contra la madera, sintiendo cómo todo el aire de sus pulmones se escapa en un suspiro entrecortado.
Samuel.
El nombre le retumba como una sirena en la cabeza. No debería haberlo dejado entrar. No debería haberlo dejado acercarse tanto. Ni siquiera debió haber accedido a encontrarse a solas con él.
Y, sobre todo, no debería haberlo besado.
Se lleva