...
Sentí sus caricias sobre mi cuero cabelludo y sus suaves manos recorrer mi brazo con un toque de maternidad mientras yo lloraba por primera vez sobre su regazo.
—Ya, nena, todo pasará.
—¿Por qué tengo que soportar esto? —Me acurruqué más entre sus brazos—. Solo falta que me orine un perro para que mi desgracia esté completa.
—¡Dios...! —Alex entró al apartamento de Deyna con movimientos apresurados y la respiración entrecortada—. Traje helado y muchos chocolates. —Alzó las manos y caminó ha