...Pero la puerta aún tenía seguro. Le toqué la ventanilla, parecía no escucharme, así que golpeé con más fuerza hasta que al fin decidió abrirme.
—Idiota —musité entre dientes y subí al auto.
—¿La muñeca amaneció de mal humor? —se burló.
Mi día había empezado de maravilla hasta que me topé con este adefesio.
—Cállate y conduce que se nos hace tarde — exclamé mirando por la ventanilla.
—Vale, pero antes solo quiero decirte algo —habló de forma seria y lo miré interrogante—. Que sea la última ve