—¿Qué pasa contigo? —le reclamé. Entonces él, sonrió de nuevo sin importarle nada. Sus pupilas estaban dilatadas y hablaba arrastrado las palabras. ¿Estaba ebrio?
—Dime que no me extrañaste... pequeña.
—Jackson —Frella habló afuera de mi habitación. ¿Aún seguía aquí? Esto tenía que ser una broma.
Me paré de mi cama y salí a encararla, pero ella no se veía mejor que Jackson, se tambaleaba sobre sus pies y sonrió cuando me miró.
—¿Jackson? —preguntó
—Él está indispuesto. —Frella soltó un puchero—