Escuché un pequeño rechinido y volteé aún con el vaso sobre mis labios. Los ojos oscuros de Jackson me observaron, haciendo que una gota de agua se escapara por la comisura de mi boca y rodara por mi barbilla hasta mi cuello. Solo pude ver cómo mi hermanastro siguió fielmente el recorrido de esta hasta desaparecer por debajo de mi blusa.
—Estás aquí —atinó a decir perezoso, desviando su mirada hasta el refrigerador a mi lado.
No respondí cuando lo vi caminar hasta allí y sacar un recipiente de