—Come, anda... son tus favoritos, Jia. —Miré los panques y lo único que podía hacer era clavar el tenedor sobre ellos sin llevarlos a mi boca.
—Gracias, mamá... —Sonreí o eso traté.
Desde mi regreso de la playa, le había pedido a mi papá que me dejara estar con mamá por unos días. Por suerte, no puso ninguna objeción.
Mi móvil empezó a sonar sobre la mesa, lo miré de reojo entornando los ojos. Deyna me llamaba 10 veces al día preguntando si estaba bien, lo estaba, claro que sí.
Ellos no lo creí