William, un maestro en detectar las debilidades de sus adversarios, se encontraba en una posición incómoda. En ese momento, su peor enemigo era Asad, el hombre que caminaba a su lado hacia el salón. La mirada penetrante de Asad lo incomodaba, y esa sonrisa no lograba disipar la sensación que tenía de que algo no andaba bien.
—¿Se encuentra bien? —se atrevió a preguntar de repente, algo que ni siquiera sus hijos se habían atrevido a preguntar a Said desde que lo vieron usando un bastón—. Siento