29. No tengo nada que escuchar.
La risa de Amir resonó en la habitación, un sonido áspero y desprovisto de alegría, más bien cargado de desprecio y amargura, un eco punzante de su dolor y decepción que parecía clavarse directamente en el corazón de Irina.
— Este matrimonio no tiene validez. Lo anularé en cuanto pueda, si es que puedo, si Asad no termina antes con mi vida — habló con desprecio desviando la mirada, ni siquiera quería verla, Amir no podía creer que ella lo hubiera traicionado, en los años de su vida lo único que