101. Espere… no avise a nadie.
Amir la observó con profunda admiración, conmovido por la conexión inquebrantable que se había formado entre madre e hijo. La maternidad había transformado a Irina, dotándola de una aura de serenidad y plenitud que lo cautivaba.
—Los dejaré un rato solos y me acercaré a avisar a sus familiares, pero debo llevarme al bebé en una hora —explicó la enfermera, con cierta tristeza en su voz—. Debe pasar el mayor tiempo posible en la incubadora los próximos días.
Irina asintió, lo comprendía, pero a l