Se acercan... se esquivan...
—Lo siento —comenzó a decir él— La verdad es que eso sonó medio comprometedor.
—No te preocupes, se entiende lo que quisiste decir —luego no pudo aguantar la risa porque sí que había sonado comprometedor, sucio y sexual.
Lonergan la miró, al principio se extrañó pero luego se dió cuenta de cómo ella había interpretado las palabras de él y que por eso le causaba tanta hilaridad, que no pudo aguantarse y él comenzó a reír también. Reían de tal forma que los que pasaban por la calle los miraban y