Estuvieron trabajando con intensidad hasta pasado el mediodía cuando un gruñido del estómago de Ronald le dijo a Steve que éste debía estar muerto del hambre.
—Vamos a almorzar, Ron —le dijo levantándose de la silla— Creo que hemos trabajado duro hoy y ya es hora de comer algo.
—Creo que sí, jefe —le dijo— Ya me están sonando las tripas.
Se levantaron y salieron de la trastienda. Steve vio al muchacho nuevo que habían contratado hace poco, quien estaba arreglando algunos de los objetos nuevos e