Capítulo 33: Ruinas envueltas en cintas
El sol estaba a medio camino en el cielo cuando me puse mi rica bata, mis pies descalzos rozando las frías baldosas de la sala. La mañana de cumpleaños que Dominic me había regalado parecía sacada de una novela romántica: velas, pétalos de rosa, un desayuno que no le había pedido pero que me encantó, y esa pequeña nota escrita de su puño y letra que decía: «Para la mujer que me enseñó a amar de nuevo».
Me sonrojé al solo pensarlo.
Ahora, pasadas las dos de la tarde, estaba acurrucada en el sofá, con las rodillas pegadas al pecho, viendo una película antigua y aferrada al suave osito de peluche que Dominic me había regalado, con mi nombre grabado en una cadena de plata.
Todo era paz. Seguridad.
Hasta que llamaron a la puerta.
Tres golpes secos y firmes.
Se me heló la sangre. No era Dominic.
Me quedé allí, indecisa, antes de abrir la puerta.
Y entonces lo vi: Grayson.
Estaba allí, con un gran ramo de lirios blancos, mis favoritos, y una caja de r